Tlaxco está situado en la zona montañosa, ofrece bellísimos paisajes como bosques, quebradas, arroyos y pequeñas cascadas, que resulta un paraíso para quienes son aficionados al campismo. El tren, que con su traqueteo nos transporta a un lugar y a una época diferente, hace su parada en esta ciudad. En sus apacibles calles se distinguen templos y añosas edificaciones, reminiscencias de la arquitectura del Porfiriato, guiños al arte de la platería, al mismo tiempo que la tierra que la rodea nos embarca en un paseo por las haciendas y ganaderías célebres del Estado. A esto hay que añadirle su cercanía a la Sierra de Tlaxco, un aliciente para disfrutar de la naturaleza sin tener que correr largas distancias.